Final Fantasy: The 4 Heroes of Light
Enviado por Víctor Martínez el 15/10/2010 12:29
Hasta los JUEGOS - http://hastalosjuegos.es



Lo mismo de siempre, más simple todavía

45. Es el número aproximado (también cuentan ciertas reediciones) de entregas de ‘Final Fantasy’ que han salido a la venta. Aunque no pueda competir en cantidad con ‘Super Mario Bros’ o ‘Mega Man’, hay que reconocer que es una cifra lo suficientemente elevada como para que el anuncio de una nueva entrega nos produzca la más profunda e imperturbable indiferencia.

¿Que deciden hacer un nuevo ‘Final Fantasy’ para DS? Perfecto. ¿Que ya ha llegado a Europa tras más de un año en Japón? Pues muy bien, veamos qué tal. Tampoco nos vamos a escandalizar si no nos gusta demasiado; total, seguro que sale otro antes de que cante un gallo.

Tras este ‘The 4 Heroes of Light’ se encuentran los responsables de los correctísimos remakes de ‘Final Fantasy III’ y ‘Final Fantasy IV’ para Nintendo DS. Además, el equipo de Matrix Software, para este título en concreto se mueve al son de la batuta de Takashi Tokita, creador de obras de culto como el prestigioso ‘Chronotrigger’.



Pero lo que podría parecer una combinación ganadora, se queda en un intento plausible pero acomodado de dar un toque de frescura al rol japonés; y es que ‘Final Fantasy: The 4 Heroes of Light’ es tan parecido a los primeros capítulos de la saga troncal de la franquicia, que casi parece que estemos ante un remake del primero de ellos.

La historia no podía ser más típica: encarnamos a un joven que en su decimocuarto cumpleaños ha de presentarse ante el rey para probar su mayoría de edad. La empresa que el monarca le encarga no es otra que aventurarse en las cuevas del norte para rescatar a la princesa que ha sido presa por una malvada bruja. En vez de hacerlo pasar por la guillotina, que es lo que habría que hacer con un mandatario que envía niños a una misión en la que perecen hasta sus más poderosos soldados, aceptamos de buen gusto la responsabilidad, y nos ponemos en marcha.

No tardaremos en conocer a nuestro compañero de fatigas, el típico “side-kick cuestionalotodo”; a la ayudante de la princesa, una chica de armas tomar; y finalmente a la princesa en persona, la dama altiva que se convertirá en el cuarto miembro de nuestro equipo. Puntuales discusiones entre los chicos es el único destello de narrativa coherente que veremos en el juego. El resto serán diálogos y situaciones prefabricadas en escenarios que ya hemos visitado cientos de veces en cientos de juegos iguales, bajo el mismo pretexto y con objetivos semejantes.

 

Pero bueno, al fin y al cabo de lo que se trata es de explorar mapas, mazmorras, ciudades, subir niveles de experiencia y equipar a nuestros avatares con lo último en armas, armaduras y habilidades. Y en eso, como no podía ser de otra manera, el juego cumple con creces: ofrece variedad de enemigos, un catálogo variado (y “requetevisto”) de localizaciones, y magias y armas por un tubo.


Mecánica desajustada

El pecado capital de este juego es que parece pretender innovar al mismo tiempo que se aferra desesperadamente por no perder a los jugadores habituales del JRPG. Sólo así se puede explicar el hecho de que se haya intentado simplificar un sistema de juego ya de por sí tan sencillo como el de un ‘Final Fantasy’ convencional.

Los comandos siguen siendo los de siempre: atacar, utilizar magias o habilidades, o hacer uso de algún objeto del inventario. A partir de ahí se pueden tomar varias estrategias en función de los personajes que utilicemos, los poderes que les hayamos otorgado, etcétera. Pero el equipo de Matrix se ha empeñado en reducirnos esa libertad táctica con una prohibición del todo incomprensible: no podremos elegir el destinatario de las acciones. De ese modo, será el propio juego el que determine quién necesita la poción que queremos descorchar, o cual de nuestros enemigos tiene que morir primero. ¿Alguien puede entender esa necesidad de limitar la libertad de acción de esa manera? Nosotros, desde luego, no.



Otra limitación absurda se encuentra en el inventario: 15 casillas por personaje es lo máximo que podremos llenar. Lo que sobrepase de esa cifra lo deberemos guardar en un baúl común al que tendremos acceso en ciertos puntos del juego, más concretamente en los pueblos. Si además tenemos en cuenta que dichas ranuras se tienen que compartir con el equipo de cada personaje (libros de magia, armas y armaduras), ya nos podemos ir olvidando de llevar con nosotros farmacias enteras. Este punto no es necesariamente negativo, ya que de ahí puede surgir la necesidad de emplear nuevas estrategias, pero es a todas luces frustrante para el jugador habitual de la saga.

El último tema espinoso a tratar es la dificultad. Empieza siendo sumamente fácil para convertirse en un delirio en el que es imposible avanzar si no nos pasamos horas ganando experiencia. Pero cuando nuestros héroes son lo suficientemente poderosos, la curva de dificultad se invierte de una forma escandalosa, llegando al punto de poder acabar con enemigos finales en un par de turnos. Los que hayan probado el remake de ‘Final Fantasy IV’ quizá se hagan una idea de lo que hablo.


No es oro, pero reluce

Se acabaron las críticas a su jugabilidad; pasemos a lo que sí nos ha gustado. Como por ejemplo, el empleo del sistema de coronas, gracias al cual podremos equipar a nuestros héroes con una variedad de sombreros que, a su vez, podremos mejorar mediante el uso de gemas que encontraremos a lo largo y ancho del mapa. Estos sombreros/coronas/gorros otorgarán a nuestros héroes habilidades valiosas, y el empleo de recursos en la mejora de los mismos, así como la decisión de a qué personaje equipar con cada uno, es uno de los puntos estratégicos que más vidilla dan al conjunto.

Otro apartado innegablemente satisfactorio es el gráfico y el sonoro. A una banda sonora impecable, capaz de hacernos rememorar las notas sintetizadas de la saga en los noventa, le añadimos unos gráficos acertadísimos, coloridos y con una paleta variada. El 3D puede parecer algo tosco en una época en la que hasta los móviles son capaces de mover más polígonos que la DS, pero al estar mezclado con un estilo ligeramente cartoon con pinceladas de “cell-shading” se camuflan con atino las carencias técnicas. Además, en ciertos escenarios la cámara es capaz de disponerse en otras vistas ajenas a la cenital que incrementan la calidad cinematográfica de los paisajes reproducidos.



‘The 4 Heroes of Light’ es un ‘Final Fantasy’ que puede valer tanto para neófitos como para veteranos. Los primeros quizá lo encuentren algo difícil una vez el juego despega definitivamente, mientras que a los segundos les molestará la simpleza de los combates y la eliminación de la selección de objetivos.

Pero los dos quedarán satisfechos si lo que buscan es un rato de evasión limpiando mazmorras y salvando princesas. Y si no siempre pueden jugar juntos mediante la nueva opción multijugador inalámbrica con la que podemos permitir que entren en nuestra partida para cooperar; no es lo más divertido del mundo, pero es funcional. Eso sí, que nadie espere que alguno de los personajes que pueblan el juego diga algo más profundo que “…”.

Por cierto, los textos están sólo en inglés.